El acoso escolar no es “cosa de niños”

Por desgracia, algo bastante frecuente que solemos oir cuando se habla de que un niño se mete con otro en el cole, o  a alguien le ponen un mote, ( el gafotas, dientes de conejo, bebé, etc…) es que son “cosas de niños”.

Cosas de niños son situaciones en las que en el parque se pelean por la pala, o por un juguete, o cuando en el patio discuten por cómo se juega a un juego, o por si alguien ha hecho trampas…Pero que los niños pongan nombres despectivos a otro, que no le dejen jugar, que le excluyan o incluso le amenacen….No son cosas de niños…es algo más…

Últimamente vemos algunos casos, ( más de los que nos gustaría) de niños que no quieren ir al cole, que lo pasan realmente mal, que no duermen, porque otro niño se mete con él en el cole, o le quita sus cosas, o le molesta todo el rato. También vemos en ocasiones, ( no en todas) que una respuesta muy común es la de:  ” esas cosas pasan”, que “los niños son así”, o que es que el niño es “muy sensible”.

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Con frecuencia vemos que el menor que se atreve a decir lo que le ocurre, es cuestionado, se le dice que exagera o incluso se le intenta atribuir a él la responsabilidad de lo que le ocurre. Se intenta justificar la situación por las características personales dle niño, por su actitud o o su conducta. Es decir, se le quita importancia a lo que le sucede justificando que el niño es de esta o de otra manera. Cuando decimos, “es que es un niño muy sensible,  y entonces claro, cualquier cosa le afecta·,  estamos atribuyéndole a él la culpa de lo que le ocurre.

 

Y no, no es por que sea sensible o porque sea más retraído, tímido, impulsivo o con dificultades para relacionarse por lo que está sufriendo acoso. Si hacemos esto, estamos culpabilizando al niño y no le daremos la protección que necesita.

Es verdad que enfrentarse a un caso escolar en el centro escolar es una situación difícil y complicada. Hay que observar, hay que hacer un seguimiento, y consecuentemente adoptar una serie de medidas para proteger al niño acosado  y sancionar al que lo promueve. Pero esto no justifica que busquemos al culpable en la víctima.

Es decir, cuando evaluamos un caso de acoso escolar, debemos olvidar cómo es el niño, y centrarnos en la situación objeto de “denuncia”.  Se trata de verificar aquellas conductas que el niño refiere como conductas de acoso, y no buscar una justificación a que esa situación se esté produciendo.

Las características del niño servirán para evaluar el riesgo que esta situación está generando en el niño, pero nunca para justificar su aparición.

Por lo tanto, no, no son cosas de niños. No podemos dar la espalda al niño que sufre en el centro escolar, debemos darle protección y seguridad, y no “culparle” de lo que le ocurre.  El centro escolar debe actuar para que estas situaciones no se produzcan, y en caso de ocurrir, debe siempre investigar la situación y actuar sobre víctimas y acosadores, y no dejarlo en un “son cosas de niños”.

Si dejamos que esto ocurra, no solo por la víctima, sino también por el acosador. Si no se interviene sobre el niño que acosa, estamos favoreciendo que esa conducta se convierte en una conducta habitual del niño, que no solo se reflejará en su vida escolar, sino que puede extender a otras áreas de su vida y etapas de desarrollo.

Por:

Jimena Ocampo Lozano

Directora Área Infantil y Psicoepdagógica.

Fundamenta Psicoeducativo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La importancia del desarrollo motor: Arrastre y gateo como inicio de la exploración.

Por Yanira DV, Neuropsicóloga.

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El desarrollo motor que se produce en el primer año de vida es el más importante de la existencia y tiene grandes repercusiones, no solo a nivel físico, sino también a nivel sensorial, intelectual y social.

Ya en el útero el bebé comienza a realizar movimientos (se voltea, alcanza sus manos y sus pies, alcanza el cordón umbilical…) que le preparan para las posteriores etapas de movilidad:

  1. Movilidad de brazos y piernas.
  2. Arrastre
  3. Gateo
  4. Caminar con apoyos
  5. Marcha independiente
  6. Correr
  7. Saltar
  8. Movilidad completa y motricidad fina

El cerebro del niño es altamente plástico, y aunque su desarrollo y maduración estén programados en parte, la experiencia y la estimulación provenientes del medio exterior son claves para su completo (y óptimo) desarrollo.

El cerebro del recién nacido tiene millones de neuronas, muchas de ellas con una función básica asignada (por ejemplo, respirar), pero la mayoría de ellas tienen la potencialidad de llevar a cabo cualquier función que se aprenda. La estimulación de los primeros años permite que las neuronas se vayan especializando y estableciendo las conexiones neuronales que permiten llevar a cabo diferentes funciones. A medida que se especializan las neuronas y las conexiones se vuelven eficaces se produce otro fenómeno llamado apoptosis (muerte neuronal programada). Aunque parece contradictorio, este fenómeno es necesario y de gran importancia, ya que permiten liberarnos de un “número excesivo” de neuronas y permite que las que permanezcan establezcan conexiones y sinapsis, como hemos dicho, más eficaces.

El arrastre y el gateo permiten que el niño interaccione con su medio, y de esta manera adquieran la experiencia necesaria, y con ello, se produzca una correcta maduración del sistema nervioso central, así como la formación de nuevas vías y sinapsis neuronales.

La movilidad independiente es el inicio de una gran etapa: la exploración autónoma del mundo que nos rodea.

Arrastre y gateo:

Con el arrastre el niño está en contacto con el suelo. Cada vez que se arrastra, el roce con la superficie le ofrece información acerca de su cuerpo: dónde termina y dónde comienza el mundo exterior.

En el momento del gateo la superficie corporal que está en contacto con el suelo es menor, debido a la posición cuadrúpeda, y esto permite que el niño comience a controlar su postura y a mantener el equilibrio. El paso del arrastre al gateo trae consigo otros cambios propioceptivos: el niño recibe información sobre la postura que ha de mantener para no caerse, sobre cómo mover las articulaciones y cómo coordinarlas para llegar a los sitios… Toda esta retroalimentación permite al niño tener mayor conciencia y coordinación motora, y esto será muy importante en estadios posteriores del desarrollo.

El gateo permite también que el sistema visual alcance su total desarrollo. El niño se mueve largas distancias en un ambiente de manera independiente, y cambia su foco de atención de unos objetos a otros. De esta manera el niño percibe otra dimensión del espacio: la profundidad. Esto obliga al niño a controlar de manera coordinada los movimientos oculares y a desarrollar la convergencia visual, así como la coordinación ojo-mano necesaria para alcanzar los objetos de su interés.

La movilidad y su relación con la respiración y con el lenguaje:

Los bebés tienen una barriga que les caracteriza. En esta etapa la respiración es abdominal y los pulmones han alcanzado un tercio de su desarrollo. Cuando el niño comienza a correr, la hiperventilación permite que los pulmones terminen de desarrollar del todo y con ello aparece la respiración torácica.  Una respiración completa y adecuada depende de un buen desarrollo motor.  Además una correcta respiración influye en el lenguaje, tan importante en nuestra especie.

Un niño con problemas respiratorios con un ritmo de 30 respiraciones por minuto emite menos fonemas que un niño cuyo ritmo de respiración sea de 10 respiraciones por minuto.

Por tanto, el desarrollo del lenguaje está muy ligado a la respiración, y ésta a su vez está muy ligada al desarrollo motor:

Arrastre – Gritos

Gateo – Balbuceo

Andar – Palabras

Correr – Frases

 

Escrito por Yanira DV. Neuropsicóloga en Fundamenta Psicoeducativo.

EL MIEDO EN LA INFANCIA.

los miedosEl miedo es una emoción básica, es universal y adaptativa. El miedo nos aleja de situaciones o estímulos peligrosos y asegura la supervivencia.

El miedo en la infancia cambia y evoluciona en las diferentes etapas de desarrollo del niño. En general esos miedos son variados, pasajeros y de poca intensidad. Son temores evolutivos.

Los miedos más comunes en las diferentes etapas son:

  • De 0 a 2 años: estimulación visual o auditiva intensa, sepracion de las figuras de apego, oscuridad, heridas, animales.
  • De 3 a 5 años: Separación de las figuras de apego, daño físco, sujetos extraños, oscuridad, animales….
  • De 6 a 8 años:  A los miedos anteriores se suman los seres imaginarios, la soledad, tormentas, la escuela…
  • De 9 a 12 años: Separación de las figuras de apego, daño físco, sujetos extraños, oscuridad,tormentas, la oscuridad, soledad, aspecto físico, muerte….
  • De 13 a 18 años: Escuela, relaciones personales, apariencia física, muerte, daño físico….

Hay otros miedos, que son esperables, predecibles, y que sabemos de antemano que pueden generar cierto miedo o temor, como puede ser el primer día de colegio,  la visita a un lugar nuevo, la primera vez que salen con amigos…que dan miedo o asustan por su novedad pero que son parte de los hitos evolutivos que van alcanzando y son necesarios para adquirir habilidades para adaptarse y enfrentarse a retos y situaciones novedosas.

Los miedos y temores en la infancia, suelen remitir de forma espontánea, pero su persistencia más allá de lo esperado puede adquirir características clínicas que den lugar a un cuadro de ansiedad que requiera intervención.

La actuación de los padres antes estos miedos evolutivos es clave en la desaparición o persistencia de los miedos. Debemos evitar:

  • Reforzar conducta evitativas, que solo hacen que aumentar y reforzar el miedo.
  • Sobreprotección del niño que no le permitam desarrollar conductas o estrategias de afrontamiento.

Diferencia entre miedo y ansiedad:

La ansiedad involucra temor y miedo, pero su intensisdad y persistencia es mayor que en un episodio de miedo y no se da siempre en presencia del estímulo que lo causa, como en el miedo. La ansiedad es una preocupación excesiva que causa malestar, molestias fisiológicas y evitación de situaciones.

Los miedos no requieren intervención especializada, pero la ansiedad sí, por lo que habrá que acudir a un espcialista que nos oriente sobre cómo actuar los padres y ayude a nuestro hijo a desarrollar estrategias de afrontamiento eficaces.

Jimena Ocampo Lozano.

Directora Área Infantil y Psicopedagógica.